
¿Cúantos detalles? ¿Cuántos elementos son insertados en una vida para aniquilación? ¿Para aborto?
¿Y quién mueve cielo y tierra para aminorar los efectos? ¿Para extirpar los tumores?
Así de cerca, mis ojos se abren a muchas cosas, y hay un tiempo para ver, toda la verdad incómoda que nunca quise ver.
Y en la mayor insignificancia de un día, bajo los charcos de lluvia, la vista apacible de uno que otro diamante, presenta regalos para sentirse amparado ante la violencia de un derrumbe.
Tumores, envíos a domicilio de un asesinato con disfraz de accidente. Usados por la verdad para acercarnos a ella, y para conocer cosas que no pueden aprenderse de oídas solamente.
Ladrones de energía, aniquiladores de fuerza, infundidores de temor. Tumores, ¿cómo podría uno de ellos ser un buen amigo? Estorbos silenciosos…letales.
Tumores, y el miedo a extirparlos, uno se acostumbra a vivir con ellos.
Pero no me culparé mucho esta vez, un tumor siempre es difícil de detectar. La mayoría de las ocasiones, sólo cuando es visible en su monstruosa forma, uno es obligado a actuar, a veces muy tarde. Sólo entonces se considera el peligro, sólo entonces no es sólo correcto, sino necesario, acudir al doctor.
Tumores, ¿quién ha extirpado uno por sí mismo con éxito?
Tumores, un despliegue de la misericordia de Dios, aún cuando la vida misma sea perdida.
Aún entonces, hay más que un cuerpo inerte, que lágrimas, que la peor agonía.
Tumores, en realidad nadie es absolutamente culpable por tenerlos, pero ¿qué vas a hacer cuando uno ha sido detectado?
Tumores, malos amigos, malas compañías, malas decisiones. Reconocidos por su terca capacidad de causar dolor.
La evolución maligna de una parte de ti, por un agente dañino.
Células corrompidas, sácalas de ti, y deja que su muerte ponga a prueba su genética.
Tumores, enviados para maldecir en voz alta a Dios. Cuando el sombrero de mago de Dios es sólo un mito, y herramientas duras y sudor en Su frente son la realidad. Buscando siempre la manera, decidiendo para el paciente. Él, sabrá donde cortar, Él sabrá lo que es mejor. Él encontrará maneras aún frente al caso perdido.
Pero siempre esperando nuestro consentimiento para proceder.
¡Cuánto ama y odia un paciente con cáncer a su doctor! Su veredicto y acciones lo aterrorizan tanto, y aún ve salvación en él.
Una vez recibido el paciente, no se olvidará de él. Es Su paciente.
Tumores, causantes de locura y desesperación para quien los posee.
Con mucha frecuencia, aparecen nuevos, o permanecen escondidos por años.
Pero he aquí un doctor que no se dará por vencido, aún cuando el paciente sí.
Tumores, nunca son enviados por Dios. ¿Cómo podrían?
En su obra, en su capacidad, en su misión, te darás cuenta del padre al que le rinden cuentas.
Ladrones, asesinos, boicoteadores.
Batallas que parecen eternas, pero no lo son.
Y es que un tumor no está nunca, ni estará, destinado a permanecer.
Tumores, indeseables, sucios, y aún a mi pesar, he aprendido tanto de ellos.
Pero nunca lo hubiera logrado sin el doctor.
¿Hay aquí otro loco que quiera regalarle una derrota sin pelea a sus tumores?
Tumores, aún cuando tus dos piernas sean amputadas, un buen médico buscará como ayudarte a caminar de nuevo, hasta el día que tu vida encuentre la vida sin ellos.
¿Y quién mueve cielo y tierra para aminorar los efectos? ¿Para extirpar los tumores?
Así de cerca, mis ojos se abren a muchas cosas, y hay un tiempo para ver, toda la verdad incómoda que nunca quise ver.
Y en la mayor insignificancia de un día, bajo los charcos de lluvia, la vista apacible de uno que otro diamante, presenta regalos para sentirse amparado ante la violencia de un derrumbe.
Tumores, envíos a domicilio de un asesinato con disfraz de accidente. Usados por la verdad para acercarnos a ella, y para conocer cosas que no pueden aprenderse de oídas solamente.
Ladrones de energía, aniquiladores de fuerza, infundidores de temor. Tumores, ¿cómo podría uno de ellos ser un buen amigo? Estorbos silenciosos…letales.
Tumores, y el miedo a extirparlos, uno se acostumbra a vivir con ellos.
Pero no me culparé mucho esta vez, un tumor siempre es difícil de detectar. La mayoría de las ocasiones, sólo cuando es visible en su monstruosa forma, uno es obligado a actuar, a veces muy tarde. Sólo entonces se considera el peligro, sólo entonces no es sólo correcto, sino necesario, acudir al doctor.
Tumores, ¿quién ha extirpado uno por sí mismo con éxito?
Tumores, un despliegue de la misericordia de Dios, aún cuando la vida misma sea perdida.
Aún entonces, hay más que un cuerpo inerte, que lágrimas, que la peor agonía.
Tumores, en realidad nadie es absolutamente culpable por tenerlos, pero ¿qué vas a hacer cuando uno ha sido detectado?
Tumores, malos amigos, malas compañías, malas decisiones. Reconocidos por su terca capacidad de causar dolor.
La evolución maligna de una parte de ti, por un agente dañino.
Células corrompidas, sácalas de ti, y deja que su muerte ponga a prueba su genética.
Tumores, enviados para maldecir en voz alta a Dios. Cuando el sombrero de mago de Dios es sólo un mito, y herramientas duras y sudor en Su frente son la realidad. Buscando siempre la manera, decidiendo para el paciente. Él, sabrá donde cortar, Él sabrá lo que es mejor. Él encontrará maneras aún frente al caso perdido.
Pero siempre esperando nuestro consentimiento para proceder.
¡Cuánto ama y odia un paciente con cáncer a su doctor! Su veredicto y acciones lo aterrorizan tanto, y aún ve salvación en él.
Una vez recibido el paciente, no se olvidará de él. Es Su paciente.
Tumores, causantes de locura y desesperación para quien los posee.
Con mucha frecuencia, aparecen nuevos, o permanecen escondidos por años.
Pero he aquí un doctor que no se dará por vencido, aún cuando el paciente sí.
Tumores, nunca son enviados por Dios. ¿Cómo podrían?
En su obra, en su capacidad, en su misión, te darás cuenta del padre al que le rinden cuentas.
Ladrones, asesinos, boicoteadores.
Batallas que parecen eternas, pero no lo son.
Y es que un tumor no está nunca, ni estará, destinado a permanecer.
Tumores, indeseables, sucios, y aún a mi pesar, he aprendido tanto de ellos.
Pero nunca lo hubiera logrado sin el doctor.
¿Hay aquí otro loco que quiera regalarle una derrota sin pelea a sus tumores?
Tumores, aún cuando tus dos piernas sean amputadas, un buen médico buscará como ayudarte a caminar de nuevo, hasta el día que tu vida encuentre la vida sin ellos.
